Érase ésta su familia que vivía en un pueblo a la orilla del río Amazonas, donde la vida transcurre en relativa calma esperando que se termine sola; para continuar en la apacible existencia de habitante en nuestras selvas. Donde el padre era un tipo de mediana estatura y acababa de despertarse de un sueño muy extraño y él estaba en el inicio de su ocaso o quizá de sus últimos años; en su década 4ta..

Década ésta, que siempre marca una tendencia para iniciar el ocaso de la biografía personal. Tiempo de decisiones para cualquier habitante de este mundo. Era el año 1941 para ser exacto y aquel país conocido como el gigante norteño, tenía una gran demanda por el caucho producido en las selvas de sudamérica. Compraba en cantidades industriales, pero era producido en cantidades mezquinas por lo tanto había muuucha demanda de "caucheros" ( personas dedicadas a la recolección del la resina del árbol desde las profundidades de la selva)
En aquel pequeño pueblo a orillas del Río Ucayali, en las entrañas de la selva peruana les llamaban los "shiringueros cornudos" vocablo muy usado para las bromas de rigor en las ocasiones cotidianas....
Nuestro amigo estaba de pronto sentado frente a la "tuschpa" en la cocina que estaba en la parte posterior de la espaciosa casa mirando como las leñas de "capirona" fresca se quemaban con ese característico herbir de la espuma salido de la parte contraria a la punta del leño que estaba ardiendo, pensando en cómo dejar a sus 6 hijos y a su esposa, con suficiente dinero y provisiones para los 4 meses que demoraría la "shiringada"
Pensaba en el más chico..el del color más oscurito, el más flaquito de todos, el que le robaba el corazón....
Pensaba en el lugar opuesto, en el mayor, el que tenía como 20 años y todavía no salía de la escuela básica a pesar de hacerle mucho empeño a las letras, sonreía para sí al darse cuenta que a este chico todo en la vida académica le costará un poco más, pero lo que no le va a costar va a ser; sobrevivir en medio de esta selva que siempre ha conocido, sonreía al recordar lo bien que imita el chillido de los loros tan bien lo hace que en unos segundos algunos vuelan al rededor de él acercándose algunos de color esmeralda y amarillos atraidos por los sonidos que parecen reales, lo bien que le resulta rastrear los caminos de los "motelos", lo bien que memoriza las historias ficticias o reales de los animales del bosque contados por las personas mayores en aquellos días de frío donde el aguardiente de caña hace su triunfal aparición....
ya quisiera otro joven de su edad saber lo que sabe él de lo que pasa en la selva y sus costumbres, sabía que los "shuyos" migran de una "cocha" a otra en tiempo de verano al ver que la reserva de agua se termina...sabía que los venados al ser atrapados por un tigrillo por el cuello, solo buscan correr debajo de una rama de árbol lo suficiente gruesa y firme cosa que el tigrillo sea el que pierda, sabía que las serpientes venenosas dejan parte de su veneno en la orilla del río o la laguna antes de tomar un poco de agua...sabía que las boas se pueden amaestras y hacerlas unas mascotas y son tan leales como un perro, sabía que los monos son una buena compañia en los eternos días de tormentas en medio de la nada...sabía que las pirañas son buenas para comer y que inclusive los puedes cazar con cualquier cosa que tenga carne como el callo del pie inclusive....sabía que solo hay que sacar los huevos de tortuga en forma suficiente para seguir teniendolos el próximo verano...
Pero eso también definitivamente en este mundo actual casi no importa, es entonces que su mente se iba directamente hasta el hijo del medio, el que tenía un aire de mirar todo por encima, el que siempre andaba leyendo todo lo que se le encontraba en las manos, leía la publicidad de las latas de manteca que llegaban al pueblo, leía las direcciones de las fábricas de los sartenes de aluminio que llegaban hasta allí, leía las indicaciones que venían en los pantalones nuevos, trataba de leer las revistras de moda en un idioma desconocido que nadie entendía, miraba los letreros de las lanchas que a menudo pasaban por el casería en su enterno ir y venir entre Iquitos y Pucallpa, ambas ciudades extremas en sus recorrido, leía todo lo que el profesor escribía y luego miraba si estaba correcto en un pequeño diccionario de pocas palabras y un día para su sorpresa lo vió leyendo con curiosidad las notas contables familiares que siempre hacía a la luz del lamparín, se sintió un poco aturdido y un poco orgulloso, al ver que alguien en su propia familia se interesaba por las cosas íntimas familiares que él escribía en su cuaderno personalll..en fin se podía con propiedad decir que era un niño raro para el entorno.....y los otros dos niños, para él solo rellenaban la familia, era un misterio saber donde estaban, qué hacían, que les gustaba y hasta el día de hoy es un misterio averiguar todo eso, mientras que la única niña era la mimada de todos, solo eso, la mimada, la linda, la muñeca de todos...
Miraba a todo lo que pasaba sobre la "tushpa", miraba la figura cuadrada que ésta hacía sobre la superficie de la cocina, los troncos de topa que entrelazados formaban la estructura de como de cubos hacia arriba con un terraplén de arcilla encima donde en el medio tenía dos piedras inmensas de ésas que vienen a vender los paisanos de Tarapoto en balsas, suponemos que los traen desde las orillas de los ríos torrentosos que hay en las alturas de nuestro país, las mencionadas piedras eran como las playas del río Puinanua, llenos de minúsculas partículas de arena como si estuviesen pegados unos a otros con algo mágico que con un orden se endurecieron y sirven para proteger al fuego de los vientos que se cuelan en este día de "warmi lluvia" de esas que no terminan nunca...todo eso miraba y pensaba en la decisiòn que tenía que hacer y dejar a toda su familia e irse a trabajar por muchos días en la bendita "shiringada" pensaba, pensaba y pensaba hasta el momento de rasparse la cabeza y notar esa incipiente calvicie que por un lado le molestaba y por otro le causaba curiosidad...." y pensar que este árbol de caucho me va hacer ir a lugares lejanos en busca del "cushqui" se decía....pero era necesario por que con eso el podía comprar querosene que le hacía falta, los kilos de azucar que estaba deseando, el paño de aguja china de esas doradas y bonitas con su minúsculo enhebrador por que a estas alturas la vista le estaba fallando a la señora al trabajar con las costuras y los remiendos....
¿Y qué le encontrarán a esa resina que lo quieren tanto, se decía a sí mismo, si cuando llega el sol; las bolsas que son untados con esa resina se vuelven pegajosas, y cuando hace un poco de frío se pone medio duro y se quiere resquebrajar,? amén de ese olor especial que tiene lo que me recuerdo al olor de unas hormigas "cususapas" ( con el vientre abultado) ...bueno estos gringos son tan raros y cojudos....y asi entre pensamiento y pensamiento se iba acostumbrando a la idea de ir por un buen tiempo al adentro del monte a buscar la famosa "shiringa"
Entonces se decidió y en un instante se fue a ver al comerciante del caserío a pedir todo lo necesario para dejar víveres y otras cosas a su familia con la sola promesa de pagarle a la vuelta, con aquellas monedas de 9 y 5 décimos que hubo; después de vender todo el caucho que consiga, él y las demás personas entre amigos, parientes y familiares quienes harían un grupo grande y se internaría a la selva a buscar el oro blanco.
Lo que no sabe es que esta decisión le costaría un cambio rotundo en su precaria vida.











