viernes, 14 de enero de 2011

Solos ante la oscuridad.

Guardo tu sonrisa de novísima joven mujer, con unos pantalones apretados moldeando tu cuerpo, caminando en la oscuridad de la escalera, bajando al río... Tu aliento fresco de juventud y mi mano agarrando la tuya. Nos escapamos a un rincón de la ciudad que a estas alturas nos tendía un manto de complicidad. Al pasar de los años; cuánto me alegro de habernos conocidos de haber seguido el romance que nadie entendía... ni yo. No entendía el saber que la vida es múltiple a rabiar. No entedía que te podía compartir con alguien más. No entendía cosas que ahora parecen lejanas....Ver tu ancha sonrisa mirándo mi oscura piel de tanto tomar el sol rodeado de turistas en vacaciones. Sentir preocupación por estar en esta relación que nada tenía de placentero. Estar ambos en un periodo de búsqueda. Como buscamos esa noche estar solos en la orilla del Amazonas en un montículo de cemento oyendo el remolino del gran poderoso río deleitarse a nuestro alrededor.... tu pantalón blanco era tan hermoso al cubrir tu figura... que jamás he olvidado ese contraste tan especial, con tu cuerpo ceñído en el claro oscuro de la pequeña plaza. Sólo recuerdo hablar de miles de cosas sin importancias; para que al final quedar frente a frente ... solos ante la oscuridad...

El partido de futbol a comenzado (1977)


Las brumas en la mente se parecen a una película donde se abre desde el infinito naciente hasta el finito reinante pasado donde el bote a motor se aleja de la ciudad de Iquitos dirigiéndose a Timareo, veo las rubias pequeñas olas que rompen la proa del motor y me doy el tiempo de ir hacia atrás en mi febril tiempo de niño para ver las plantas acuáticas sobre el río Amazonas como los jacintos o las huamas o los gramalotes pasar desde un extremo a otro... las huamas y los putu putu. Me marea el correr de las olas al lado de la madera del casco del bote y me soslayo mirando los miles de árboles rivereños como en un "deja vu" voluntario. Estoy en la cubierta del bote colectivo surcando ese poderoso rio que habla de proesas humanas del ayer y del hoy. Sonrío al recordar la mirada de nuestro abuelo, veo sus bigotes gruesos en esa su edad madura donde uno los veía como seres seguros como shungo de capirona. Todos íbamos a su casa y después a la cancha de fútbol para medir fuerzas con el adversario de turno... es donde más me gusta este deporte con su inpropia tarea de unir a multitudes en una sola pasión. Iquitos quedaba atrás con la vuelta grande que quedaba a la entrada o salida de la ciudad desde el río. El abuelo que vemos con la abuela en la foto nos llevaba; es decir, llevaba a esa parte de la familia que faltaba para completar el equipo de 11, Aprovecho de hacer un homenaje a este ser que nos enseño mucha cosas en la vida, que nos apoyó en aquella niñez donde lo poco se hacía mucho y donde lo más importante era ser amado y respetado como parte de la familia inmensa como las que siempre ha habido en las orillas de nuestra selva. Es increible verlos a ambos y saber que no se los llevó el viento ni el río menos aún un soplido de tormenta, están aquí después de tantos años mirandome y quizá sonriendo recordando los termos de chupete "Shambo" que llevaba a vender en el pueblo. Están en nuestro recuerdo y aún más.... están en este relato participando de lo que pasó en un día de nuestras vidas ya en el año 1977, recuerdo el almuerzo con porotos frescos sabrosos entregados por la madre tierra, esos tomates criados en la trastienda de la casa en parte de esa fértil tierra, con sandías rosadas que nos esmerábamos en comer al medio día compartiendo entre todos. Luego del almuerzo nos alistábamos para ir al campeonato que se realizaba en otro pueblo cercano a Timareo, allí se veía el neto chacarero de nuestras selvas compartiendo en reunión como si fuera el mundo a acabarse mañana, todos con sus mejores teñidas y sus ropas lindísimas y por supuesto aquellas que no lo eran tanto de acuerdo a la fortuna de los participantes. Por un lado se veían los invitados al rededor del campo y por otro se veían los deportistas llegados de los alrededores donde nos contábamos nosotros. Las comidas típicas se veían al rededor como los juanes encintados con colores rojos y blancos, humitas y una que otra fruta y las consabidas gaseosas "Bimbo" lo que era algo así como una exquisitez.... Una olla grande se erguía a un costado de la escuela que estaba detrás de la cancha del juego sobre una tizones retozando de calor, listos para el amuerzo gratis para los invitados que no eran pocos.... ¿cómo lo hacián económicamente para festejar tamaño evento? ahora que soy contador más admiro esa parte de la historia también. Los abuelos eran la parte firme como decía al principio, era el "delegado" del equipo nuestro para pelear por los puntos en la mesa de negociaciones. afirmando con toda su experiencia en estas lides el manejo último de lo ganado en la cancha de juego en esa competencia por lo demás sana hasta la saciedad. Pues bien.. el pueblo estaba dentro de un brazo antiguo del Río Amazonas, de ésos que nunca faltan. de ésos que se separan del cuerpo principal y mueren lentamente con los decenios a cuestas. Tuvimos que llegar en una hora desde Timareo hasta nuestro destino final. Nunca había visto tanta gente reunida y se comparaba solamente con lo que se reunía en Oceanía otro pueblo muy arriba del río. Recuerdo todos los hermanos de mi cuñado en la cancha, todos jóvenes y con dionisios cuerpos cubiertos con las camisetas deportivas de rigor. mucha gente al rededor, con el estómago lleno al medio día, con la esperanza de vender todos los helados que llevé, y con la convicción que otro día en mi adolescencia estaba pasando. El réferi tomó el pito señores entre sus manos con esa boca curtida por el sol tropical de la amazonía peruana y con sabor a "boquichico".... el partido ha comenzado señores....