domingo, 25 de septiembre de 2011

El frío viento de la tarde.

Cuando me despertaba por las mañanas e iba al puerto
el viento fresco de la mañana me esperaba
con su velo primígenio, formando neblinas y rodeándonos con su gélido aliento.

Al viajar sentado en la cubierta, mirando el eterno pasar de los árboles
siempre antes de la lluvia que caía copiosa
viento fresco me acompañabas a la par con mis pensamientos.

Al pasar de un lado del ancho río, en medio de esa gran tormenta
con mi padre al otro extremo remando extenuadamente.
Gélido viento me acompañas, metiéndose por el la piel del estómago.

Viajando al campo, lo primero que se siente es ese lento y frío atardecer
con el rumor de la tarde cayendo sobre nosotros.
Siempre me he imagino que la entrada al cielo debe ser un tanto helado.

El alma viajera, buscando la eternidad se cuela en la existencia
va llevando un vientecillo al rededor, sabiendo que es su distintivo
Sabiendo que la etenidad en un gélido aire. Hace de su existencia un vivir muy cálido.
Entonces muchos seres se caracterizan por ser cálidos en conversación
Cálidos en amistad, calurosos en el amor y más cálidos aún en su existencia total

Más no saben que indefinidamente colapsarán en ese eterno frío atardecer que al caer la tarde cubrirá de flores el día de la partida.


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