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Sientes en el aire los pálpitos de sonar de las antaras, los bombos y las flautas, señal que los mensajeros del todopoderoso Inca están cerca a tu casa, de tu pueblo y al lugar que naciste y no sabes como defenderlo debido a tu corta edad. Sientes el quedo sonar de los tambores avisando en forma pacífica la invasión que intuyes nunca pacífica ha de ser. Sientes que debes correr por salvar tu vida y no haces nada, y que que los animales del bosque enmarañado se abrirán a tu zancadas como en una tregua y dejarte pasar.
Es el inicio de los cambios que se avecinan. Cambios rotundos para empezar a aprender otro idioma; diferente al que tenías cuando naciste. A creer en el sol que sale todas las mañanas y no en las "madres" o espíritus conscientes que tienen los árboles y las cosas, los ríos y la retumbadora tormenta tropical. Adquieres otros costrumbres y nuevas leyes que a veces son fáciles de entender y aveces nunca.
Décadas después cuando ya eres adulto y te has acostumbrado a los amos sedientos de tus bienes y tu trabajo.- Sientes el mismo sentimiento inundarte el alma, escuchando de nuevo, sonidos al aire, esta vez son clarinetes, o artilugios que hacen que la voz aumente su volumen y fuerza--- y lo más horroroso, ese sonido seco y tronador a la vez de una arma nueva llamada arcabuz ... ves en el horizonte cientos de personas acompañados de algunos de tus vecinos que dejaste de ver hace tiempo, tinene ya una diferente forma de vestir igual al nuevo invasor, con muchos pedazos de de metal sobre sus cuerpos entrar de nuevo al mismo lugar que te vio nacer y esta vez parece que va diferentemente en serio y que los sonidos sordos y atronantes son de las armas de fuego que jamás has visto. Te acostumbras al despotismo del nuevo amo, al olor a pólvora que quema tus pulmones, pero que a veces significa un animal salvaje para comer, tienes que acostumbrarte a hablar otro idioma y a adoptar una forma de pensar diferente en relación a tus dioses.
Un par de siglos a continuación ves otra vez la misma escena y te sientes oprimido en el alma, esta vez son hordas de colonos; tanto de tu propio país como de otros continentes, vienen como las anteriores ocasiones, acompañadas de un mil y una razas, en oleadas que llegan a tu selva por todos sus caminos imaginables y ellos siempre.. buscando lo mismo. Tu lugar, tu lar, tu territorio ese insignificante pero decidor pedazo de tierra que te vio nacer...por eso digo: corre, corre hacia allí, (vuelve, vuelve siempre; aprovechando que todavía existe)

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