Las raíces las tenía fuera de la tierra para poder sacar desde la esquálida superficie todos los nutrientes que necesitaba para poder sobrevivir.
Su tronco era de un tamaño respetuoso, contaba historias de esas que no sabes si lo encontraste, lo escuchaste o simplemente a alguien se le ocurrió en medio de una febril y rica imaginación. En el medio siempre había un túnel de termintas, de esos que es hecho de papel natural en forma de tubo a la mitad. Luego de las raíces que eran de un perímetro inmenso venían la base del tronco que era como la base de una pirámide. Tenía cientos de líchenes que rodeaban su contextura, al subir la mirada y las ganas de subirse a él, a la mitad de su cuerpo tenía una enorme rama que actuaba con un poderoso brazo que daba la sensación de hacer un magro equilibrio para existir. Luego venían las hojas que eran grandes y muy ensanchadas, llena de ramificaciones que parecía el croquis de un pulmón humano...
Cuando era temporada, los frutos carnosos, casi redondos y con unas muescas a lo largo dividiéndolos en 5,6 ú 8 partes, eran de un atractivo difícil de describir al paladar.
Teníamos que pelearnos con los loros que llegaban en bandadas, con los paucares que hacían lo mismo.. y uno como niño solo teníamos la gracia de tirarles palos para hacerlos volar..
Ahora entiendo que el increible árbol de zapote, era una maravilla en sí, era un microclima que nos dió la posibilidad de gozar su sabor tropical..hmm hmm,

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