El olor penetrante se metía en medio de las fosas nasales en aquella mañana tan calurosa y húmeda; esquivando los charcos de barro por que la tierra todavía no se secaba entera, después de haber soportado varios meses de agua.
El hacinamiento proverbial comenzaba a notarse en todo el lugar, pero en medio de la inocencia el niño aquel creía que era companía...
La cuadrada caja que contenía los helados le pesaban en el hombro, pero se hacía el ánimo de cargarlo y llevarlo con dignidad. Ofreciendo el producto a viva voz, a los cuatro vientos.
Mientras la música de Rod Steward, sonaba en una radio a pilas cuyo sonido se escapaba de una choza que parecía muy pobre que estaba al frente....
Merecidamente pensaba que las matemáticas no fallan y que después de haber tenido éxito vendiendo todo el lote de helados tendría un
par de monedas en el bolsillo y llevar un par de panes a la casa para alimento de la numerosa familia paternal...
Cuán equivocado estaba!!....por que no sabía que en otro lado de la ciudad un ladronzuelo de su misma edad se levantaba a esa misma hora después de haberse divertido casi toda la noche, solamente pensando en conseguirse una cantidad de monedas sin hacer mucho esfuerzo.
...y el destino que es un tejedor de historias paralelas, estaba tramando juntarlos a ambos en un arranque de probabilidades exquisitas....



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