Tu rostro cortado por el amanecer en un día tranquilo no se va de mis sueños.
Tus besos apaciguados por el reflejo de mis ojo, tampoco se pierde de mis pensamientos.
Agarrarte de la mano, era como llegar al cielo entrando por la puerta del paraíso.
Con el imaginario timbre de tu voz, arrullando mis oídos,
voy a dormir en mi pequeña litera. cubierto de miles de recuerdos.
Que te quiero, que te espero, que te amo....Dioses!!! que estoy indeciso.
Eres mi ángel, que con la fuerza de la vida te has convertido en miles de demonios.
¿Qué puedo hacer para, solo apaciguarme y vivir en este torbellino de deseos...
sin enfermarme con el puro recuerdo de tu imagen? Sin duda estoy como ido.
Viviendo mis días, metido en el simbolismo carnal de tus dulces reflejos.
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