martes, 14 de febrero de 2017

El tambor retumba ( Manguaré de la selva)

Escuché el sonido de los tambores; cuando la adolecencia empezaba a dejar mi cuerpo, y las hormonas se manifestaban por primera vez..corrían por el calendario los idealizados años de la década de los ´80.- El turístico lugar acondicionado para las visitas estaba en todo su explendor, se notaba que había cientos de personas de todas las nacionalidades y que solo querían divertirse en lo que para nosotros era un trabajo que había que aprender y dominar.
El tambor o manguaré selvático estaba en medio de la inmensa sala, lo había imaginado de otra manera, había leído sobre él en las afiebradas notas de algún viajero, de esos que se adentraban al interior de la selva peruana y que por alguna razón, terminaban viendo y a veces tocando aquel instrumento que era una de las atracciones de ese mundo que está desapareciendo lentamente como el gran Río Amazonas recorre una plana curva haciendo su giro en su eterna vía para llegar al mar.

Luego de las enseñanzas y el aprendizaje de rigor para tratar de ser un Guía de Turistas....me tocó ir llevando a un grupo  de extranjeros a visitar a ese pueblo que se orgullece de mostrar sus bailes típicos a cualquiera que lo quiera ver o lo pueda pagar..el show turístico era uno normal que nuestros nativos lo habían realizado una y mil veces, a propósito, lo siguen haciendo y me imagino que con las mismas ganas de aquella vez..hace ya muchos años....No puedo olvidar esos cuerpos ágiles, esa comparsa al danzar a lo largo de un tronco de árbol para asemejar una gran serpiente que emergía de entre medio de la imaginación y que se volvía a veces un poco enajenante al compás de los gritos de la decena de personas entre ancianos, hombres, jóvenes y niños...creo que en el fondo de mi mente y mi propia historia me transportaban a un mundo aparte, por la compenetración de esos sonidos que al final eran como algo profundo, raro y monótomo sonido que se pegaba a lo profundo de la memoria primordial, aquella que se hereda de nuestros antepasados....Entonces para termina; por qué no retomar de nuevo el motivo de estos párrafos...en medio de la construcción que servía para hacer el show estaba el tambor aquél que descansaba en medio de dos amarras de cuerdas...mi mente solo miró fijamente y sin darme cuenta, estaba al frente de ella con las macetas en alto tocando lo que mis fibras ancestrales me incitaban a hacer....

Ya ahora, en medio de la agitada vida de una ciudad cosmopolita...mis manos hacen el mismo movimeinto al tocar las teclas de este teclado negro como el color de la mitad inferior sin pintar de aquel tambor que me transportó alguna vez al interior de algo que ni yo mismo comprendí....

sábado, 11 de febrero de 2017

Mi niña - mujer

La tarde simplemente es calurosa, nos lo hace sentir a los dos,
A ambos; eso es solamente un detalle en ese primerizo y sublime instante.
El Dios Eros no envuelve con ese manto de complicidad,
de evadirnos de este mundo por unos cuantas fracciones de tiempo.

Aquel cuarto nos parece un lugar paradisiaco, de esos que solo existen en algunos libros,
nuestros cuerpos se mecen al pálpito del amor, al ritmo del instinto desbordante.
que no entendemos nada y si queremos hacerlo se perdió en la eternidad.
Todo eso es abrumador, es como visitar el olimpo.

Pero...

Es un cortocircuito, un chasquido, un primígeneo milisegundo,
cuando la razón se abre paso, entre nuestras dos afiebradas mentes.
Nos insta a mirarnos a los ojos y recobrar la realidad,
de amarnos sin espinas, sin alguna mancha de culpa, sin hacernos daño.

Por eso...


No habrá un momento vacío en la eternidad para decirte te amo,  mi niña...mujer.














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viernes, 3 de febrero de 2017

El Puerto

En este momento se que un puerto es un lugar de encuentros,
no un lugar de desencuentros.
Se que la vida es larga un tanto tediosa en su resumen
pero atractivo en su diario ser...
En este momento no es bonito recordar aquellas escenas del ayer
pero es sumamente atractivo escribirlas para otros .
Rememorar por ejemplo el calor de aquellos días que no importaban nada.
estar a la deriva en un mundo nuevo.
Escuchar en lo profundo de tus pensamientos aquellas promesas que se fueron a ninguna parte
se esfumaron como el fresco de la mañana en un país tropical

Mientras la canoa surcaba las aguas no tan contaminadas como ahora, flotando y cruzando desde la humilde casa, hasta llegar al lugar donde un inmenso peñón de greda se alzaba en el horizonte, cuya cima era un terreno baldío que se hacía entre rojo y amarillo con las contínuas lluvias, era la vez que aquel niño empezaba a comprender los números en su real magnitud...a saber que si no vendía ni un helado, no sabría sumar 17 + 4, siendo la primera cantidad lo que debía devolver y la segunda cantidad lo que le quedaba a él...despúes de todo un día de remar y remar, al rededor de las calles inundadas en invierno.
Pasar entre cientos de hogares y ofrecer un tanto tímido sus helados.
Mirar por el rabillo de sus ojos, el bienestar de muchos hogares que no eran el suyo, comparar vanamente su forma de vivir con la de los clientes a quienes ofrecía y vendía sus sabrosos helados. Escuchar los aparatos de radio con aquellas músicas del ayer y sentirse un tanto privilegiado, por estar en medio de todas esas personas, aunque el precio sea fuerte de pagar...
Era el barrio de Belén, situado en el puerto de la pequeña ciudad de Iquitos en aquellos entonces, el lugar donde los botes llegaban del interior de la frondosa selva a vender sus productos, era el barrio más comercial de la ciudad, donde había y sigue habiendo una vorágine de acontecimientos que te comen la individualidad...
Las casas flotantes y las casas sobre palafitos por doquier, todo muy atractivo para el visitante, todo muy excentrico, tan exótico...pero para el niño no era más que un mundo que le era ajeno, un lugar que deseaba conquistar en su beneficio...un lugar para empezar a soñar...

Sus ojos no estaban tristes y jamás llorosos
Su vestimentad aunque humildes, jamás harapientos ni menos penosos
y el cuerpo muy delgado, desprovisto de volumen
miraban con asombro aquel mundo a conocer
en donde, su movimiento y sus tácitas leyes le costaba creer
ya visualizaba la muerte de la palabra nosotros;
solo reinaba la idea de la vida condicionada...
No había continuidad, No había relevo.
y a pesar de estar rodeado de gente en ese puerto era como estar en el desolado Marte
Por eso...en esta época actual mirando
a la lejanía del tiempo solo me queda recordarte.