viernes, 3 de febrero de 2017

El Puerto

En este momento se que un puerto es un lugar de encuentros,
no un lugar de desencuentros.
Se que la vida es larga un tanto tediosa en su resumen
pero atractivo en su diario ser...
En este momento no es bonito recordar aquellas escenas del ayer
pero es sumamente atractivo escribirlas para otros .
Rememorar por ejemplo el calor de aquellos días que no importaban nada.
estar a la deriva en un mundo nuevo.
Escuchar en lo profundo de tus pensamientos aquellas promesas que se fueron a ninguna parte
se esfumaron como el fresco de la mañana en un país tropical

Mientras la canoa surcaba las aguas no tan contaminadas como ahora, flotando y cruzando desde la humilde casa, hasta llegar al lugar donde un inmenso peñón de greda se alzaba en el horizonte, cuya cima era un terreno baldío que se hacía entre rojo y amarillo con las contínuas lluvias, era la vez que aquel niño empezaba a comprender los números en su real magnitud...a saber que si no vendía ni un helado, no sabría sumar 17 + 4, siendo la primera cantidad lo que debía devolver y la segunda cantidad lo que le quedaba a él...despúes de todo un día de remar y remar, al rededor de las calles inundadas en invierno.
Pasar entre cientos de hogares y ofrecer un tanto tímido sus helados.
Mirar por el rabillo de sus ojos, el bienestar de muchos hogares que no eran el suyo, comparar vanamente su forma de vivir con la de los clientes a quienes ofrecía y vendía sus sabrosos helados. Escuchar los aparatos de radio con aquellas músicas del ayer y sentirse un tanto privilegiado, por estar en medio de todas esas personas, aunque el precio sea fuerte de pagar...
Era el barrio de Belén, situado en el puerto de la pequeña ciudad de Iquitos en aquellos entonces, el lugar donde los botes llegaban del interior de la frondosa selva a vender sus productos, era el barrio más comercial de la ciudad, donde había y sigue habiendo una vorágine de acontecimientos que te comen la individualidad...
Las casas flotantes y las casas sobre palafitos por doquier, todo muy atractivo para el visitante, todo muy excentrico, tan exótico...pero para el niño no era más que un mundo que le era ajeno, un lugar que deseaba conquistar en su beneficio...un lugar para empezar a soñar...

Sus ojos no estaban tristes y jamás llorosos
Su vestimentad aunque humildes, jamás harapientos ni menos penosos
y el cuerpo muy delgado, desprovisto de volumen
miraban con asombro aquel mundo a conocer
en donde, su movimiento y sus tácitas leyes le costaba creer
ya visualizaba la muerte de la palabra nosotros;
solo reinaba la idea de la vida condicionada...
No había continuidad, No había relevo.
y a pesar de estar rodeado de gente en ese puerto era como estar en el desolado Marte
Por eso...en esta época actual mirando
a la lejanía del tiempo solo me queda recordarte.

















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