I
Cuando la luna llena nos llama a su tierno regazo
es cuando mis deseos se vuelven complacientes...
Solo dirijo la mirada hacia el suelo,
para hacer una imaginaria escena contigo.
II
Así siento al eterno verano, alargarse en nuestra ideal companía.
Las dos almas mirándose cara a cara en ese momento con desnuda fragilidad...
Donde los besos no son una caricia, sino la necesidad misma de sentirnos vivos.
III
No quiero sentir esa vorágine de nuevo, menos revivir tu rechazo,
No te pido que me olvides, pero a veces miro tu retrato donde siempre sonries...
Solo se que eres tu, eres esa misma persona que me devuelve el pensamiento
La misma que sobrevive en la distancia, pero nunca en el olvido.
IV
No te pido que me olvides, ni siquiera un soplo de sincronía,
el alma se me apaciguaría con tu esperado perdón en singular afinidad...
Mi alma clama por un instante de paz.
V
En esta mi eterna soledad...

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