domingo, 21 de noviembre de 2021

Roshita: Mi hermana, la mayor

Érase aquella escena donde el horno de barro se yergue a un costado de la casa. Hecho con hábiles manos que moldearon su forma, una simple cúpula descansando en una base cuadrada donde al norte tenía una puerta tapada con una plancha de acero, que originalmente era un bidón de combustible, de esos que se usan en las motonaves para viajar a lo largo de nuestros ríos selváticos y al sur una salida para el carbón reacio a quemarse junto con las cenizas que resultaban de la combustión de la exquisita madera de capirona... el mentado horno ya caliente y listo para ser usado en asar el pan, los dulces como el suspiro, la rosquilla, los bizcochos, los puchucuy, las " huahuas" etc... al frente de todo esto estaba ella, la que hacía todo eso, la "Ñaña Rosha", mi inolvidable hermana mayor, con su rostro aparentemente serio resguardando que nosotros sus hermanos menores no nos comiésemos algunos dulces u manjares destinados a la venta. Recuerdo sus coloridas anchas faldas que le daban una sensación de inmensidad que podía haber estado equivocado por mis pocos años.

Verla en aquellos años era ver a mi padre, con su energía vibrante enfrentando la tarea de vivir y sacar provecho de una existencia en un poblado en medio de la inconmensurable selva amazónica, llena de fuerza, de belleza, de ganas de trabajar; al mismo tiempo criando una familia y ayudando a crear la vida de los demás componentes de todos nosotros... la veo acarreando agua en oscuras ollas moldeadas por el solemne fuego desde el límpido río hasta los depósitos en su cocina para luego en esa paciente forma llamada de "asentar el agua" hacer que los sedimentos naturales queden debajo en el fondo de los envases y poder tomar ese exquisito líquido de vida. La veo en sus plantaciones de plátano, de maní, de frejol, de  yuca, recogiendo las manguas que se caen al suelo de maduras, sonriendo y gozando de los sabores de los caimitos, de las naranjas y siempre de sus apetecibles dulces. Enviando a mi sobrino mayor ( su hijo) a la escuela con su fiambre bajo el brazo y sus camisas blancas. En fin... los recuerdos se agolpan en mi memoria uno tras otro. 


Creo que al paso inexorable del tiempo, nos encontramos de nuevo, ambos con una sonrisa fácil en todo el ancho de su envejecido rostro y yo con la misma expresión también, iniciando ese camino; algo que ella a llenado de mucho trabajo, de una vida con una biografía de varias páginas. Verla a lo largo de estos casi 60 años es como recorrer la historia de esta olvidada parte del Perú. De hacer junto a ella el cambio de la chacra o del campo o de la provincia a la ciudad, del campo a la urbe y a veces a la capital, buscando siempre a base de trabajo ese cambio de vida que eufemísticamente es algo que se puede lograr pero la realidad nos dice que es esquiva, cuando la biografía se satura llenando página tras página, se nos va en cosas triviales, en placeres instantáneos. Uno de los recuerdos hacia ella es tener su imagen en Lima, la capital del Perú trabajando para una paisana nuestra, vecina desde nuestra niñez.

Veo a esta mi hermana, siempre en mi mente como si fuese ayer, llegando de la gran capital de vuelta a Iquitos, por razones que solo ella sabe, siempre con su pelo largo, frondoso, por alguna razón siempre recuerdo eso, su siempre esbelta figura visitándonos en casa... criando a su único hijo y a su vez a sus nietos, trabajando en todo lo que se presentaba sobreviviendo a los tiempos que corrían en aquel entonces. Tiempos un tanto difíciles para la mayoría de los loretanos hijos de esta tierra. Pero cada vez que regresaba de mis andanzas ellas siempre esta allí, con sus anécdotas, sus historias contadas una y mil veces acompañado de su sonrisa como en la foto aunque de repente se pone seria para rememorar alguna escena que rebusca en su memoria. Eso es ella. Ahora que sus muchos años se reflejan en su rostro, su cuerpo y su ánimo, solamente quería dejar al registro algunas palabras en honor a ella, en honor a su compañía, a su vida y a su larga existencia. Salud mi querida "Roshita" te mereces mi admiración. 




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