Hoy estoy pensando en un día perdido en el registro de mi memoria, cuando ya ha pasado más de un mes de las fechas de fin de año, momentos en que la navidad se toma por completo los días previos a su celebración, agarro un par de monedas de mi raído bolsillo que me gusta y me consigo un pan de pascua, panetón o pan dulce, como quieran llamarlo, llego a casa a refugiarme del mundo y con una taza de té de naranja casi sin azúcar, luego de cortar un pedazo del susodicho alimento, lo saboreo desde el fondo de mis recuerdos. Sin darme cuenta levanto la mano a la altura de la vista y veo los dos puntos especiales de color rojo y verde peculiares de este tipo de potaje... ya es casi una migaja y me detengo un momento.
Como un viejo casette metido en un "Walkman", de los años 1970 algo en mi retrocede desde este preciso instante, rebobinando los instantes vividos y me transporta a Iquitos, a esa época perdida de los últimos años de mi niñez... y mágicamente veo el mismo pedazo de pan en mi mano que lo primero que resalta es no tener ninguna arruga que en propiedad nos entregan los años.- Veo una caja con adornos de navidad en forma de "S" hechos de plumavit blanco, cientos de ellos para aparentar la nieve en medio de ese calor reinante de los meses de diciembre en la selva del Perú... el panetón ya a sido saboreado y tiene el mismo gusto, el mismo olor, la misma consistencia, traído por mi hermano mayor cuando volvía a casa del servicio miliar en la Marina de Guerra... Mis hermanas mayores con sus bellas apariencias que da la adolescencia caminando al rededor de aquel espacio íntimo y pequeño que era nuestra casa flotante cerca al puerto del Barrio de Belén, cerca al Río Itaya, rodeado de otras casas iguales, botes y canoas que pasan y repasan en el espacio que en época de verano es una cancha de fútbol...observo un estante pegado a la pared con un par de mis cuadernos pintados con algún garabato que terminaría en un dibujo sin importancia... el lugar es exótico y sus alrededores son únicos, ya que todavía mantiene su atractivo según algunas fotos del satélite. Veo a mi madre todavía joven con alguno de mis hermanos menores en alguna parte. La imagen se diluye mágicamente y me confronta con la pared actual pintada de color crema que se contrarresta con el recuerdo de la pintura azul de mi recuerdo anterior y me devuelve al pequeño resto del alimento que miro con una sonrisa. Reitero... el sabor es el mismo, el olor también, la consistencia la misma y agradezco a la vida por darme estos instantes de recuerdo que me alegra el alma
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